5 cosas no tan divertidas de tener 25. Reflexiones de una 20Something.

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Siempre he creído que el “ando hormonal” es una muy mala excusa para justificar la tristeza o la confusión resultado de hechos o situaciones específicas y poco reflexionadas,   además de ser una expresión que se presta para  minimizar y descalificar a la mujer. Pues bien, entre el día de ayer y esta mañana he sido víctima de una melancolía confusa para la que, o no tengo explicación, o ganas de buscársela.  Y una persona que me conoce más o menos bien y que es para mí bastante importante me ha dicho hace un rato: “Estás hormonal, acéptalo. No tiene nada de malo y no le estás haciendo daño a nadie”. Ok, me he dado permiso de estarlo. Pero antes, en un intento desesperado de explicar mi estado de ánimo, he hecho un viaje a los recovecos de mi mente y sus aflicciones, y encontré cinco cosas algo jodidas de la realidad moderna que vive una a los veinticinco.

1. El saber lo que quieres, no te quita el miedo de ir por ello. 

Hace algunos años sólo pedías entender cuál era tu misión en este cochino planeta. Ahora que tienes la certeza de saber qué es lo que necesitas para sentirte completo y realizado, tienes miedo. Miedo de estarte equivocando, miedo de tomar una decisión abrupta que no te lleve a ningún lado, miedo de dejar una realidad que quizás no está tan mal pero que sabes, no es lo que quieres. Tienes miedo de avanzar y miedo de quedarte estático y desperdiciar tus mejores años. Miedo de no vivir lo que vale la pena. Miedo de no estar haciendo las cosas lo suficientemente bien. Y hay una sola cosa que puedo decirte al respecto: El miedo es un reflejo natural al cambio; incluso cuando  éste último es deseado. Quizás la solución sea dejar de temerle al propio miedo y salir a vivir tu vida. Tal vez un par de tequilas ayuden. Tal vez no. A veces hay que hacer más y pensar menos.

2. Hay días en los que aún no puedes hacerte cargo de ti mismo como es debido. stockvault-spa-doll117545

Tienes 25, hace algunos años que eres independiente. Pagas tus propias cuentas y tus padres deberían estar orgullosos porque te has convertido en adulta o adulto responsable. Pero la realidad es que hay días en los que sacrificas el desayuno por unos minutos de sueño, noches en las que no cenas por ver un capítulo más de Game Of Thrones o Downton Abbey, tienes uno o dos cestos de ropa al borde del colapso, algunos recibos del agua sin pagar,  pides pizza cuando estás deprimido y el día en que tu coche se descompone, sientes ganas de llorar y marcarle a papá para que lo lleve al mecánico y evitar que éste último te saque una pequeña fortuna por ajustar un tornillo. Si vives en la misma ciudad de tus padres y éstos últimos están dispuestos, siempre puedes ir a llorar en sus regazos y pedir auxilio. Si por el contario,  eres foráneo como yo, sabrás que refugiarte en las faldas de mamá o en el protectorado patriarcal no es una opción práctica ni factible y tendrás que resolverlo como puedas. La parte positiva: al final te sentirás un poquito orgulloso de ti mismo. Aunque tu único mérito haya sido dejar de llorar y llamarle a la grúa.

3. Cambias de opinión de manera ridícula sobre cosas “importantes” de la vida. 

Acabas de pagar tu nuevo vestido  de H&M en las cajas de abajo, que están siempre vacías, saboreas la gloriosa y efímera satisfacción producto del consumismo,  sales por el área infantil y  de pronto olvidas la nueva adquisición ante la abrupta y  desesperada necesidad de tener una hija a la cual ponerle el hermoso trajecito de polka dots azules que acabas de vislumbrar al inicio del pasillo. Ya tienes 25 y el reloj biológico marca las horas antes de que suene la alarma de los 30’s. Shit is getting serious. Al siguiente día despiertas a las 10 de la mañana preguntándote por qué carajo alguien desearía sacrificar sus horas de sueño, tiempo libre, pasiones y placeres de la vida para pasar sus años cuidando de un pequeño individuo que en algún punto tomará sus propias decisiones y hará algunas estupideces con las que tendrás que lidear. Te duele la cabeza con sólo imaginarlo. Abres una cerveza (son las diez de la mañana y no te importa), respiras profundo y agradeces por la libertad de vivir tu propio caos. Hay gente que ya no puede darse ese lujo.

BTW, acabo de recordar que tengo una sobrina hermosa a quien ponerle el vestidito de polka dots azules y ser feliz. LIFE IS GOOD. SO GOOD.

4. El amor se convierte cada vez en un misterio más insondable. 

Has conocido gente, has amado al indicado para descubrir que realmente era el equivocado (ver más sobre el tema en El amor de tu vida y otras grandes mentiras). Quizás  ha llegado otro indicado que parece mucho más indicado y te sientes más viva que nunca, y  aunque a veces te preguntas si sucederá lo mismo que con el anterior; otras ya no te importa lo que pase porque has aprendido a amar  y valorar el momento; dejas de aferrarte, disfrutas y recuerdas que nada es para siempre. NADA. Y a pesar de las lecciones de inteligencia emocional, las terapias y los golpes de la vida, la verdad absoluta de que al final partirás solo, te sigue rompiendo el corazón. La idea de la muerte como destino infranqueable todavía te atormenta. Pero también te motiva a vivir con valor y con más ganas, a amar más intensamente, a no guardarte ni un solo beso, ni un solo te quiero, ni una sola sonrisa. A entregar todo el amor que posees y descubrir que es infinito.

5. Hoy más que nunca estás seguro de que EL MUNDO ESTÁ JODIDO. 

Ya votaste para elegir un presidente, fuiste víctima de la propaganda de temporada electoral, creíste en algún movimiento que resultó ser otro fraude de la oligarquía. La política te da asco, la situación mundial de Derechos Humanos te da tristeza, vives en un país jodido que comparado con la violencia en Medio Oriente y África, no parece tan jodido, hasta que recuerdas los cientos de miles de desaparecidos, los muertos que ya no generan asombro, la manipulación mediática. Hay días que tienes ganas de salir corriendo a Finlandia, Suecia, Noruega o Dinamarca; hasta que recuerdas que el racismo y la xenofobia son realidades no tan lejanas. Dejaste de leer las noticias porque te ponen de malas y te generan impotencia. Y en este mismo momento sientes vergüenza por haberte pasado una hora dándole vueltas a tus first world problems, porque has recordado que existen millones de personas que sufren de manera infinita e inhumana en este mundo. Y quizás, o más bien, seguramente puedes hacer algo para ayudarlas. Desde una firma en Change.org, un donativo mensual a alguna de las miles de organizaciones filantrópicas, hasta agarrar tus chivas y lanzarte unos meses a algún lugar recóndito del mundo donde se necesite tu ayuda. Las posibilidades de paliar el sufrimiento de la raza humana y ayudar a resolver problemas que impactan la vida de millones de personas, son infinitas.  Pero lo que definitivamente NO puedes hacer es quedarte encerrado en tus propios dilemas, sufriendo por miedo, confusión y otras tonterías. Tú decides con qué causas te comprometes, pero existe una obligación de la que no te puedes zafar: buscar tu felicidad. En un mundo en el que el dolor y el sufrimiento son una constante, lo mínimo que podemos hacer es olvidar y dejar atrás las pequeñeces que no nos dejan ser felices.

Les anuncio que ya no estoy hormonal.

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