El Donald Trump Mexicano

mexico calaca

El racismo y la xenophobia de Donald Trump han sido noticia internacional, tras sus declaraciones en contra de los migrantes mexicanos durante el discurso en el que anunció su candidatura por la presidencia de Estados Unidos. La respuesta de la comunidad latina no se hizo esperar, y las redes sociales se llenaron de expresiones de repudio e indignación.

Como ser humano  y como mujer, me preocupa que en pleno siglo XXI  exista gente con esos prejuicios. Las declaraciones de Trump,  el ataque a la iglesia de Charleston por un joven de 21 años —en el que murieron nueve afroamericanos— la nueva ola de neonazismo en europa; son indicadores de que,  contrario a las ideas de Oprah Winfrey, el racismo no morirá con los viejos.

Pero ahora toca hablar de México, el pueblo ofendido por las declaraciones de Trump. Un país que en lo oficial se enorgullece de su pluralidad, sus cientos de etnias indígenas y su riqueza cultural. País en el que, que por su naturaleza, uno supondría que no hay lugar para el racismo; pero que en la práctica es el más vivo ejemplo de una sociedad desigual, profundamente clasista y racista, aún marcada por las castas virreinales, en la que en ocasiones,  cuando un bebé nace más moreno que blanco, el comentario bienintencionado de los parientes no se hace esperar: “Pues está morenito pero muy bonito”. Pocos se dan cuenta de que a ésa última oración, le sobra un PERO.

En México nos enorgullecemos de Moctezuma y la grandeza de los Mayas y los Aztecas, enaltecemos la leyenda,  pero despreciamos a nuestros indígenas, no sólo en su color de piel; regateamos hasta el último centavo cuando compramos su artesanía  y nuestro lenguaje cotidiano está lleno de elementos que los minimizan.

Nos damos el lujo de odiar a los conquistadores “porque nos robaron todo el oro, la plata y la tierra”, pero queremos parecernos a ellos, porque después de más de doscientos años de ser pueblo independiente, el criollo sigue siendo valuado por encima del mestizo o el indígena. Somos aztecas cuando nos da la gana y españoles criollos cuando conviene. La única constante es que no aceptamos nuestro mestizaje. Y como diría Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad, la realidad es que en México, aunque no queramos,  todos somos hijos de la chingada; esa mujer indígena sometida, que fue vendida y violada por el conquistador, dando origen a nuestro pueblo mestizo, un pueblo que no es España ni Tenochtitlan, un pueblo que nace de la colisión de ambas civilizaciones. Todos somos hijos de la Malinche. Aunque la condenemos por vende patrias, por puta y por lo que se ofrezca.

Quinientos años después nos ofenden las declaraciones racistas de un extranjero, pero no le damos importancia a nuestras propias manifestaciones prejuiciosas, resultado de la no aceptación de nuestro origen mixto. Tranquilamente cerramos los ojos para celebrar los chistes del Donald Trump mexicano. Ese álter ego latente que llevamos dentro, por no acepetar nuestro mestizaje, por ver la discriminación como una práctica cotidiana inevitable, que es mejor ejercer a que nos la ejerzan.

El Donald Trump mexicano se manifiesta de diferentes maneras y en diferentes momentos, como esa persona que puede ser toda educación y cortesía con los que considera de su mismo nivel, pero que no se detiene al humillar al mesero y al personal de servicio. Ese jefe cordial y amistoso con los clientes, pero que acostumbra gritarle al empleado porque, por el simple hecho de pagarle un sueldo, lo considera otro bien de su propiedad. La señora caritativa y cooperadora, que apoya a tres o cuatro causas sociales pero que no tiene pizca de humanidad y empatía para su trabajadora doméstica. El orgullo que nos da pertenecer a un club deportivo y social que no admite a gente “ni muy fea ni muy morena” aunque tengan para pagar la membrecía millonaria, porque claro, hay niveles, y la alcurnia nunca podrá comprarse con el dinero de los nuevos ricos. La satisfacción que como mujer sientes cuando, a la entrada abarrotada de un antro de moda, el vigilante te elige a ti y a tus amigas para pasar al exclusivo lugar, por encima de las demás, seguramente porque eres más guapa y tienes más clase, aunque por dentro sepas que estás pagando “el cover” para ser carnada, y que los mirreyes estén contentos con la variedad de especímenes femeninos dentro del lugar.

Sí, señores, México es una chulada de contrariedades. Y yo insisto: quizás para entendernos como pueblo, para aceptarnos y para avanzar en la igualdad,  tendríamos que perdonar a la Malinche, a nuestra madre; y exorcizar al ser inseguro, clasista y racista; sacarlo de nuestro inconsciente y de nuestro sistema de socialización. Expulsar de nuestro país al Donald Trump mexicano. Créanme, es más peligroso y hace más daño que el estadounidense.

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9 pensamientos en “El Donald Trump Mexicano

  1. Hola Dámaris. Me gusta mucho tu blog. me encontré por ahí una falta de ortografía (membrecía) como se que te importan esas cosas te lo digo. Si quieres borra este post. un abrazo Luis García Pimentel

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  2. ¡Hola, Dámaris!

    Tengo poco tiempo leyéndote pero me fascina cómo plasmas tus ideas. Llegué a tu blog por medio de la señora Lourdes Murrieta, tu prima, la contacté recientemente porque buscaba uno que otro consejo, pues soy un escritor amateur, y me pasó la dirección de tu blog. Ella solía ser mi maestra en la secundaria y en la prepa en el Muñoz (nos llamaba a todos sus alumnos chamacos horrorosos). Y tus escritos fueron uno de los factores para que comenzara a experimentar un poco con mi propio blog.

    Acuerdo contigo en cuanto al caso de Trump, lo hemos criticado mucho, pero primero deberíamos empezar por echarle un vistazo a nuestra sociedad y a nosotros mismos y darnos cuenta que en México se practica el racismo también. Y será difícil, pero habrá que trabajar para erradicarlo.

    Mucho éxito, y sigue trabajando así. Me gustaría saber si has publicado alguna novela para leerla también.

    Por cierto, también me di cuenta del detalle de “membrecía”, pero parece que tenías tu argumento listo. Supongo que uno aprende algo nuevo todos los días. Saludos 🙂

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    • Sergio! Primero que nada, gracias por leerme! Qué padre que también estés en el asunto de la escritura, Lourdes es una excelente influencia literaria ❤ Sobre mis libros, estoy por publicar mi primera novela justo este mes de julio!! Te mantendré al tanto de la fecha de publicación y los medios para adquirirla. Saludos y excelente día!

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  3. Totalmente de acuerdo contigo, estamos rodeados de esos personajes, ojalá q los padres de familia nos demos a la tarea de sensibilizar a las nuevas generaciones!!! ❤

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  4. Muy cierto. Creo que también nos vendría bien olvidarnos de plano de Octavio Paz y su visión de la Malinche. No porque no tenga razón, sino porque esta percepción del mexicano como producto de una violación enfatiza la idea de que nuestra historia y nuestra cultura es producto de un trauma del que nada más no hemos podido recuperarnos. Y de ahí que a veces sea mejor ponerse del lado de la víctima y a veces del lado de victimario en lugar de vernos como iguales y olvidarnos de que hubo víctimas y victimarios.

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