“Mercados de Italia: El Paraíso del Foodie” Parte I. Mercato Trionfale, Roma.

Fuente: https://pixabay.com/es/italia-mercado-frutas-mediterráneo-641656/

Con los últimos acontecimientos me he ausentado un poco de la cocina  y con ello  no sólo he bajado un par de kilos; una parte de mí (esa que se siente bruja y alquimista) ha estado medio muerta en días pasados, pero dado que por fin he tocado base, estamos de regreso con un nuevo tópico en la sección de Cuisine de este blog: Mercados del mundo.

Son lugares en los que podría pasarme el día entero vagando y descubriendo; que esconden tradiciones, historias y sobre todo, sabores. Estoy plenamente convencida de que visitar una ciudad y omitir su mercado, es casi como no visitarla. Estos míticos lugares nos dan la posibilidad de entrar en la rutina de los locales, conocer un poco de lo que viven, lo que comen y lo que cuentan; es incluso una manera de abrirnos la posibilidad de conocer a otros extranjeros con intereses similares a los nuestros (ya en el siguiente post les contaré de Babs, una australiana lindísima que conocí en el Mercato Centrale de Florencia). Además de todo, visitar mercados tiene otra gran ventaja: buena comida típica a precios razonables; las zonas turísticas pueden dejar en la ruina al viajero hambriento. Con este historial lo que quiero comprobarles, queridos lectores, es que los  mercados son una verdadera chulada y deberían considerarse parada prioritaria en cualquier recorrido turístico. Y bueno, como en las últimas semanas me he autoexiliado en el país de el prosciutto, la pasta y el vinagre balsámico, tengo el honor de traerles a ustedes, damas y caballeros, el primer post de tres que publicaré acerca de los mercados italianos: de Roma para el mundo, Mercato Trionfale.

Mercato Trionfale

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A sólo unos pasos de Plaza San Pedro, sobre Via Andrea Doria, encontramos este mercado de comida, y ¡qué comida! Mozzarella fresco artesanal, pan recién horneado, variedades inimaginables de carnes curadas, frutas y verduras de la estación, quesos de todo tipo y un sinfín de colores, aromas y sonrisas. Poco frecuentado por los turistas, el ambiente es tranquilo y bastante local. Hay que hacer acopio de paciencia y sacar nuestros apuntes de italiano, porque aquí casi nadie habla inglés; sin embargo, los encargados se muestran atentos y corteses con los extranjeros, pronuncian lentamente las palabras en busca de las tan comunes coincidencias con el español, y de una forma u otra, surge un código extraño pero amistoso de comunicación.

Recién entrar llama mi atención un local repleto de toneles de acero de muchos, muchos litros. Me acerco intrigada para descubrir que lo que se vende ahí, por galones, es nada más y nada menos que vino, placer de los dioses. En “Vini Sfusi” uno encuentra tanto tintos como blancos. Las recomendaciones de Manuele, el encargado, son el Chardonnay de Sicilia característicamente seco; el Nero d’avola también siciliano y de un rojo intensísimo;  pero sin lugar a dudas mi favorito resultó ser  el dulce y afrutado Cesanese, de la región de Lazio. Tan suave que podría tomarlo hasta con el desayuno.

Manuele, el encargado de Vini Sfusi mostrándonos las cantidades de vino que suele vender por cinco euros o menos.

Manuele, el encargado de Vini Sfusi mostrándonos las cantidades de vino que suele vender por cinco euros o menos.

Tras caminar un poco y ver algunas panaderías y stands dedicados completamente a la repostería que hacen que se me vayan los ojos entre merengues horneados y galletas de mantequilla, me encuentro con “Garofalo” un local dedicado a los quesos, del que penden provolones dorados y sus vitrinas presumen diferentes variedades de queso de cabra,  parmesanos añejos y mozzarellas elaborados artesanalmente.  Giovanni Guida, el encargado, nos invita a probar el mozzarella. Yo hago uso de mi basiquísimo italiano para conversar con él, que cuenta que el negocio lo inició su familia hace varios años. Con una sonrisa nos invita a probar una especie de pan suave con trozos de prosciutto y queso, horneado por su madre. No sin antes comprar un poco de mozzarella tierno, nos despedimos.

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Mozzarella di bufala, natural, y queso con nueces.

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Las variedades de “Garofalo” en el Mercato Trionfale.

Giovanni Guida, un entusiasta de la comida italiana artesanal, encargado de "Garofalo"

Giovanni Guida, un entusiasta de la comida italiana artesanal, encargado de “Garofalo”

Por último, y antes de dejar el mercado, pasamos a visitar un local de mucha tradición, llamado “La Porchetta di Ariccia” dedicado a los productos de esa zona ubicada en el centro de Italia. Ivo, un señor de unos sesenta años y encargado del local, me platica en su idioma la tradición de sus productos, me enseña una foto de él mismo atendiendo el local hace 45 años, y me muestra con orgullo que la porchetta (un plato típico con el que tengo obsesión que consiste en un cerdo al horno relleno de hierbas), se ha acabado con rapidez aquel día. Me ofrece un poco de prosciutto crudo, fresco y de sabor suave, me pregunta cuánto tiempo estaré en Roma, me asegura que debo visitar Pompeya y Nápoles, y que debería conseguirme un marido italiano para que me lleve a viajar por toda italia. Reímos a carcajadas. Me asegura que en todo el Mercato no encontraré mejor porchetta, pero es una lástima que se haya acabado. Le pido una fotografía y con pena se niega, me asegura que él ya es un anciano abuelo, pero que su amigo Arsenio, que no se ha despegado de su quehacer del otro lado del puesto, estará encantado de tomarse una foto con “la bellissima messicana”.  Vuelvo a reír a carcajadas.

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Con Arsenio, de “La Porchetta di Ariccia”

Nos despedimos deseándonos buona giornata.

Y ahora, yo los dejo con la imagen de la obsesión gastronómica de la que les platicaré en la segunda parte de esta serie, cuando  hablemos del imperdible Mercato Centrale, en la ciudad de Florencia. Por lo pronto, me retiro a preparar un fettuccini con pana e prosciutto. Son las 2:30 de la tarde en Torino. Escribir este post me ha dado mucha, mucha hambre.

Porchetta ¡Mamma mia!

Porchetta ¡Mamma mia!

Buona sera!

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