Querido Millennial, no tienes que ser feliz todo el tiempo. Y está bien.

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Si estás en tus veintitantos, cerca de los treinta y en contemplar las vidas perfectas de tus contactos de Instagram se te va la tuya, este post es para ti.

Tienes una vida relativamente cómoda, estudiaste (o estás estudiando) una carrera, tienes un trabajo que a ratos te apasiona y a ratos odias pero que paga la renta y las excursiones de fin de semana al centro comercial de tu preferencia; con frecuencia pruebas nuevos platos de cocina fusión en los múltiples restaurantes hipsters que inundan tu colorido barrio gentrificado, vas al cine y de vez en cuando al teatro, no te puedes quejar… hasta que abres tu cuenta de Instagram y ves que tu amiga de la secundaria se fue a escalar el Mont Blanc, tu “no tan brillante” compañero de universidad grita a los cuatro vientos cuánto ama su trabajo en aquella enorme empresa internacional, tu prima la más mensa se fue de misionera a África y parece estar encontrando al fin su propósito en la vida, mientras que todo lo que tu encuentras al llegar a casa son los estados de cuenta de las tarjetas de crédito que has tratado de ignorar en los últimos días, por miedo a darte cuenta del verdadero costo de tus “gustitos”. Piensas que quizás deberías viajar más, pero ¿Cómo? Si tu cuenta de ahorros nomás no crece, tus vacaciones son limitadas, no tienes gran flexibilidad laboral, tu trabajo ni está tan padre y tu sueldo no parece valer el que sacrifiques tus mejores años porque al final, eres y seguirás siendo un esclavo del sistema.

Todas esas conclusiones llegan a tu mente mientras, de manera compulsiva, continuas “scrolleando” en tus múltiples redes sociales. Y la insatisfacción crece de manera casi descontrolada, te sientes incompleto, impotente, enojado y, después de nadar un ratito en las turbulentas aguas de la autocompasión, llega a tu pantalla un correo de Change.org  solicitando tu firma para exigir al gobierno de Israel el cese del fuego en contra de los palestinos. Y te sientes de la mierda. Tú, con tus problemas de primer mundo, dándote el lujo de estar inconforme con la vida mientras que en otros meridianos de la tierra hay gente luchando por sobrevivir.

Te preguntas si la humanidad tiene solución, o si, por el bien de los glaciares y las ballenas, sería mejor que otro meteorito cayera encima de este bonito y lastimado planeta y borrara a la raza humana de la faz de la tierra. Pensamientos misántropos que se ven exacerbados cuando piensas en las próximas elecciones y en tus opciones en la boleta electoral, que francamente están pal perro y de esperanza nada porque tú este año pagaste tus impuestos, no diste mordida, dejaste de robarle wifi al vecino, donaste a una asociación filantrópica, obedeciste las señales de tránsito y pues el gasolinazo igual te lo dejaron ir… Y todavía un que otro incauto se atreve a decirte que “El cambio está en uno”… NO MAMS. Lo que te recuerda que no has terminado de juntar las firmas para el registro de tu candidato independiente, ya faltan dos días para que termine el plazo y tu sigues scrolleando… qué asco de persona eres… Por eso el país está como está.

Aún así, no puedes dejar de deslizar los dedos de la pantalla y aparece un post de la cena de ayer, con tus amigos. Estás sonriente, copa en mano, al lado de algunas de las personas más importantes para ti, recuerdas lo bien que la pasaste ayer, y te preguntas si ya te estás volviendo bipolar. ¿Cómo es posible que la noche anterior te sintieras tan completo, tan satisfecho, y el día de hoy tengas pensamientos suicidas que incluyen a toda la raza humana? ¿No te estarás volviendo bipolar?

Abres el buscador de Google: Bipolaridad… Comienzas a leer los síntomas y sientes un vacío en el estómago… te autodiagnosticas con un trastorno mental severo y te preguntas a dónde va a parar tu vida… Le marcas a tu amigo doctor, estudiante de psiquiatría, le cuentas de tus inquietudes, él trata de reprimir una carcajada y te dice que no mames, que por salud mental dejes de buscar enfermedades en google.

Te vuelve el alma al cuerpo, te tranquilizas y te preguntas si serás el único loco al que le pasan tantas y tan variadas tonterías por la cabeza. Instagram, Snapchat y Facebook parecen estar de acuerdo con ello. Tus amigos (o más bien contactos) se ven tan felices, tan sonrientes, tan tranquilos, compartiendo momentos divertidos y especiales, con vidas que parecen más afortunadas que la tuya… Hasta que un rayo de claridad llega a tu mente y te preguntas ¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE COMPARTISTE TUS PESARES EN REDES SOCIALES?  ¿Cuándo has subido una foto sobre las cosas que odias hacer en tu día a día? Tus perfiles muestran una vida casi tan fácil y perfecta como la de tus contactos… porque poca gente va por la vida compartiendo el tedio de la rutina. Y contrario a lo que ves a través de tu pantalla, no, la gente no es feliz todo el tiempo, tus contactos no la pasa bien todo el tiempo y tú tampoco estás obligado a hacerlo. Y aunque tu suscripción de Change.org, Amnistía y Avaaz te recuerden que hay gente que pasa por situaciones terribles y problemas mucho más grandes que los tuyos, ojo, el sufrimiento no se mide. Tus problemas son válidos, tu sufrimiento también lo es. Lo que no es válido es quedarse congelado, sin avanzar, sin pedir ayuda. Es cierto, este mundo está lleno de situaciones injustas y dolor. Lo mejor que podemos hacer es trabajar en nosotros mismos para disfrutar al máximo lo que tenemos, y compartirlo con los demás. No tienes que ser feliz todo el tiempo, es de humanos pasarla mal de vez en cuando. El objetivo es trabajar para ser tan plena y frecuentemente feliz como nos sea posible.

***

Si en algún momento has estado en esta situación trata de profundizar en tus sentimientos y recuerda:  el que tus contactos compartan parte de su existencia por medio de sus redes y tú tengas acceso a esa información, no significa que sabes  lo que está pasando en sus vidas. Tras las fotos de viajes, de comidas deliciosas, de fiestas llenas de gente bonita, de lugares inspiradores, de outfits llenos de estilo y glamour, hay historias con altos y bajos, vidas tan humanas e imperfectas como la tuya. Tu amigo, el que viaja todo el tiempo a lugares increíbles por su trabajo tiene problemas en casa; tu amiga, la que se casó con el guapo del salón y aparentemente tiene la vida resuelta lucha día a día contra la ansiedad; tu primo, el que consiguió un trabajo en el extranjero y parece tener la familia perfecta, se está divorciando; tu amiga de la infancia que acaba de ser mamá y no deja de subir fotos de su increíble familia está atravesando por depresión postparto. Tu mejor amigo puede estar pasando por un momento difícil familiar, emocional o económico pero cuando te lo cuente no podrás evitar sorprenderte, porque en su cuenta de Instagram parecía que todo iba bien.

Dejemos de solamente interactuar, volvamos a convivir. Hablemos con las personas que son importantes para nosotros, quizás nos necesiten sin que lo sepamos. Hay que generar relaciones cercanas, conexiones profundas, por nosotros y la gente que queremos. Una llamada para preguntar cómo estás nunca va a ser lo mismo que un mensaje de Whatsapp. Compartamos nuestros problemas y preocupaciones con la gente cercana, mostremos nuestro lado humano, seguramente ellos también necesitan hacerlo.

Y sí, quizás en tu lista de contactos hay alguien a quien, en este momento, todo le va de maravilla ¡Qué genial! ¡Alégrate! Ya te tocará a ti estar en esa posición. Si pones atención, quizás te des cuenta de que tú eres el afortunado.

 

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