Mezclilla, camisa blanca y botas vaqueras.

people-3111875_1920Hoy no tenía ganas de pensar en ti. El 13 de julio es un día al que inconscientemente le saco la vuelta, como no queriendo darme cuenta de lo que marca el calendario. Hace diez años saliste de la casa de campo que teníamos en aquel pueblo del que estabas enamorado. Te vi, con pantalón de mezclilla, camisa blanca inmaculada, botas vaqueras, y pensé “qué guapo está mi papá, qué porte tiene”. Nunca antes me había detenido a pensar si eras guapo o no. Pero aquel día me pareciste especialmente radiante. Te despediste de nosotros aquella tarde, te fuiste con el sol. Lo que pasó después fue una pesadilla. Un terremoto que dos, cinco, diez años después sigue teniendo réplicas.

Muchas veces te extraño, pero a veces más bien me encabrona que no estés, que nos hayas dejado. Me encabrona recordar el sufrimiento de mi madre, lo abandonadas y desorientadas que mis hermanas y yo hemos estado sin ti. Me encabronan las putas ganas de abrazarte y no soltarte, me encabrona el sabor del whisky y las canciones de Marco Antonio Solís. Me encabronan los recuerdos bonitos de aquel pueblo que amaste y en el que no me puedo parar sin dolor.

Me encabrona pensar en lo segura, predecible y certera que parecía la vida cuando estabas tú. Me encabrona pensar en las pendejadas que tus tres hijas hemos hecho para sobrellevar tu ausencia. Me encabronan las relaciones destructivas, codependientes y violentas a las que en algún punto nos aferramos nomás para sentirnos protegidas y acompañadas por una figura masculina. Me encabrona lo pendejas que hemos sido y que a ratos seguimos siendo, me encabrona el victimismo ineludible de la situación.

Muchas veces en mis oraciones te he pedido que descanses, que estés tranquilo. Que nosotras estamos bien.  Pues si un día te aburres del descanso, te encargo que, cuando nos veas haciendo estupideces  te nos aparezcas en sueños o de perdida nos metas un susto, nos mandes una señal y nos recuerdes que haberte perdido no es pretexto para tirar a la mierda lo que tú y mi mamá nos enseñaron. Mi mamá… ojalá pudieras mover los hilos necesarios para que la valoráramos más, para que la cuidáramos. Me queda claro que no puedes, porque de ser así, lo hubieras hecho mucho antes, para evitarle tanto sufrimiento a la mujer de tu vida.

Éramos una familia hermosa, ¿no? Cuán orgulloso estabas de lo que tú y ella habían construido. Cuando pienso en ello el encabronamiento se me pasa y me aborda un profundo agradecimiento por esos dieciocho años que estuviste a mi lado, por tu inteligencia, tu ejemplo, tus regaños, tus pláticas de política, tus consejos descarados, por tu incansable trabajo, por las oportunidades que nos diste, por la vida que tengo gracias a ti y a tu esfuerzo. Dios es tremendamente generoso y gracias le doy por ti, por el tiempo que te tuve.

Diez años después, sigo soñando contigo. Sigo soñando que regresas, que milagrosamente sobreviviste, que estabas escondido, que sigues aquí y yo quiero gritarlo a los cuatro vientos, sentarme a comer unos camarones contigo y presumirte lo pro que me he vuelto en la cocina. Invitarte a recorrer los bosques y los increíbles paisajes de Winterfell, verte compartir una cerveza con tu yerno que te caería de poca madre, recorrer los grandes lagos , emborracharme contigo escuchando aquellas canciones tuyas que tanto me molestaban y que te obligaba a quitar para poner mi disco de los backstreet boys.

Dicen mi mamá y mis hermanas que aquel 13 de julio de hace diez años no traías camisa blanca, ni botas vaqueras, sino una polo amarilla y una gorra. El día de tu funeral pese a la insistencia familiar me negué a verte. Cada vez que me acercaba a mi mamá, que no quería despegarse de ti, para tratar de convencerla de que tomara o comiera algo, volteaba la mirada a otro lado. Me negué a enfrentar esa realidad. Te quise recordar como aquella tarde, vivo, sonriente, imponente, radiante. Y así te voy a recordar siempre, de mezclilla, camisa blanca y botas vaqueras.

 

 

 

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7 comentarios que los recién casados no tenemos ganas de escuchar

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Ya sea durante la boda, después de la luna de miel, los primeros años… Estés soltero, feliz u horriblemente casado, divorciado o emparejado, es posible que quieras compartir tu sabiduría con los nuevos esposos… Hazles un favor y antes cuestiónate si realmente es necesario.

1. “¿Y para cuándo el bebé?”

NO ME JODAS.  ¿Cómo por qué querría una pareja de recién casados meterse en semejante conflicto después de la boda? Habrá quienes lo hagan de forma involuntaria pero ese es otro tema… A los novios posiblemente les tomará meses recuperarse de los gastos del gran día, posiblemente quieren tiempo para adaptarse, posiblemente ni siquiera saben si pueden con otro ser humano y por ahora les basta con un perro… Posiblemente no tienen ganas de discutir sus decisiones reproductivas contigo porque no es asunto tuyo y punto.

2.  “Apúrenle que se les va el tren”

Sí, claro, los novios pasan de los 35 y consideras prudente meterles un poco de presión, no vaya a ser que el reloj biológico los traicione y la fábrica se cierre antes de abrirse… Porque seguramente nadie se los ha dicho antes y ellos no saben que a partir de los 35 es embarazo de alto riesgo…

3. “Agárrense porque ahora sí viene lo peor”

Tus 10, 30 o 40 años de matrimonio bien o mal logrado son tuyos, no te proyectes, no compartas tus frustraciones, esas llévaselas al terapeuta. Ya de sobra sabemos que el matrimonio no es la empresa más fácil, que se requiere paciencia, negociación y trabajo en equipo… en las pláticas prematrimoniales del DIF que son obligatorias nos lo hicieron saber, no tengas pendiente, así que cualquier comentario negativo guárdatelo. Está de más, créeme.

4. Cualquier comentario incómodo relacionado con el pasado del novio o la novia

Acaban de empezar a construir algo juntos, no seas pinche. Si no hablaste antes, calla para siempre.

5. Consejos o comentarios sexuales

No y no. A menos que seas la mejor amiga de la novia o tengas mucha confianza con el novio. Y en cualquier caso, cualquier comentario hazlo en privado. No hay nada más awkward que la tía o el tío 30 años mayor hablando de su vida sexual durante la boda… Por favor no.

6. Lo que no te gustó de la fiesta

¿Es neta? Te dieron comida, te dieron alcohol casi ilimitado, fiesta y hasta algún recuerdito inútil… y más importante que eso, TE DIERON PRIORIDAD. Porque quien ha hecho boda sabe la santa chinga que es filtrar la lista de invitados ¿Crees que les importa si no te gustó el peinado de la novia, si la cena llegó fría o si el mesero tardó mucho en atenderlos? No mames.

7. “Uff qué valor!… Suerte porque la van a necesitar”

Qué bueno que amas tu soltería, qué bueno que hayas encontrado en la soledad tu vocación, de verdad, muy respetable. Pero ver a los novios con cara de lástima augurándoles un futuro miserable con base en tu creencia de que el amor no existe… ¿Es en serio? De tus encuentros y desencuentros amorosos los demás no tenemos la culpa, menos los novios.

Cada quien construye su historia y si realmente quieres contribuir a la de la nueva pareja comparte lo positivo, lo que te ha funcionado, deséales lo mejor del mundo, ofréceles tu apoyo y apláudeles por haber iniciado esta nueva aventura.