De Feminismo y Otras Fobias

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Desde que tengo uso de razón me he considerado feminista. No sé si en otra vida fui mujer maltratada o si el contexto cultural en el que crecí me obligó a ponerme esa bandera. Mi familia, como tantas familias sonorenses, es de esas en las que todavía las mujeres sirven la comida y los hombres esperan que los atiendan como reyes; donde un hombre borracho no es cosa del otro mundo, pero una mujer con un bote de cerveza en la mano “se ve fatal”.  De temas de sexualidad y pareja, hablamos luego.

El hombre es de la calle y la mujer es de la casa

He escuchado esa frase “n” cantidad de veces de boca de algunas tías y de las primas mayores. ¿Qué significa exactamente? Que me resigne. Que los hombres por naturaleza son unos cerdos, incapaces de controlar sus instintos; que las borracheras, el sexo y la “perdición” son derecho exclusivo del género masculino porque así son las cosas. En cambio nosotras debemos comportarnos como damas del siglo pasado;  cocinar rico, porque una mujer que no sabe atender una casa, no sirve. A nadie le importa tu doctorado en astrofísica, mi reina. Al final naciste para ser madre, es tu naturaleza, y para eso necesitas un hombre.

A LA MIERDA CON TODA ESA BASURA. Soy la mayor de tres hermanas. En casa todas teníamos que levantar el plato de la mesa, mi papá no tenía problema en desocupar el lavatrastes o planchar su ropa y cuando llegaban los príncipes de mis primos a comer, mi santa madre con toda tranquilidad les pedía (y les sigue pidiendo) que recojan su plato. En una familia de cuatro mujeres no hay mucho lugar para el machismo, así que puedo decir que de alguna manera, crecí en un oasis en medio del desierto y  desde mi trinchera me dediqué a observar esas dinámicas injustas; algunas veces protesté y me enredé en discusiones sin fin con distintos familiares, otras veces el silencio ha parecido una mejor decisión. La realidad es que varios parientes me han dicho en la cara”feminista” a manera de ofensa, a menudo advirtiéndome que con “esas ideas” nunca voy a encontrar marido. Pero, ¿por qué existe tanto rechazo a este término?

Para mí, ser feminista nunca ha representado superioridad ni mucho menos rechazo a la figura masculina. Mi padre es una de las personas más importantes en mi vida y en él vi a un esposo amoroso, que me educó bajo la premisa de que esforzándome lo suficiente podría obtener lo que quisiera por mis propios medios.  Mi objetivo en la vida, desde pequeña fue estudiar una carrera que me apasionara, en la que pudiera ser exitosa e independiente. ¿Casarme? Algún día, si se me antoja. Pero por amor y convicción,  no como un medio de supervivencia. Con todo y esto, admito que me ha costado varias sesiones de terapia y mucha, mucha reflexión el liberarme del sistema de creencias del que crecí rodeada. Creencias limitantes sobre mi cuerpo, mis expectativas,  mi femineidad; pero de objetivación y tabúes hablaremos en otro post.

Sin embargo, ¿qué hay de los hombres? Esos seres muchas veces estereotipados, cargados de expectativas titánicas, abrumados por la necesidad de reafirmar su virilidad en un mundo cerrado a la diversidad sexual, en el que el comunicar los sentimientos es sinónimo de debilidad. En sociedades desiguales,  los hombres cargan un pesado lastre que los obliga a sepultar sus emociones en nombre de la fuerza, el poder y demás elementos de “lo masculino”, y perdón, señores, pero crecer condicionados y obligados a perpetrar este tipo de patrones de vida tampoco es libertad. Todos tenemos un conocido que quería estudiar artes o música, cuyo padre se negó a apoyarlo porque con esa carrera no iba a poder mantener una familia. Y yo me pregunto: ¿es obligación formar una familia? Y en todo caso, ¿Es el modelo tradicional de familia, en el que el hombre es el sostén económico y la mujer se encarga de los hijos, la única opción?   Estoy convencida de que como seres humanos, deberíamos tener la capacidad para tomar nuestras propias decisiones y elegir la vida que queremos vivir, más allá de los patrones preestablecidos.  Y si abrimos los ojos, nos daremos cuenta que tanto a mujeres como a hombres, nos impactan los roles de género promovidos por nuestra sociedad.

El feminismo, que en realidad es una teoría filosófica de igualdad y no el equivalente al machismo, es un tema que me apasiona porque como mujer me concierne. Tanto el temor como el rechazo al feminismo son generalmente  motivados por la desinformación. Las dinámicas de género, los juegos de poder que se dan día a día en nuestra sociedad, afectan directamente nuestras vidas y nuestras decisiones. En esta sección comparto mis experiencias como mujer y como mexicana, con el único objetivo de hacer conciencia y entender que el feminismo no es otra cosa que la lucha histórica de mujeres y hombres por la EQUIDAD de género. Porque al final, a todos, hombres y mujeres, nos conviene un mundo más igualitario.

Gracias por leer.