7 comentarios que los recién casados no tenemos ganas de escuchar

men-2425121_1920

Ya sea durante la boda, después de la luna de miel, los primeros años… Estés soltero, feliz u horriblemente casado, divorciado o emparejado, es posible que quieras compartir tu sabiduría con los nuevos esposos… Hazles un favor y antes cuestiónate si realmente es necesario.

1. “¿Y para cuándo el bebé?”

NO ME JODAS.  ¿Cómo por qué querría una pareja de recién casados meterse en semejante conflicto después de la boda? Habrá quienes lo hagan de forma involuntaria pero ese es otro tema… A los novios posiblemente les tomará meses recuperarse de los gastos del gran día, posiblemente quieren tiempo para adaptarse, posiblemente ni siquiera saben si pueden con otro ser humano y por ahora les basta con un perro… Posiblemente no tienen ganas de discutir sus decisiones reproductivas contigo porque no es asunto tuyo y punto.

2.  “Apúrenle que se les va el tren”

Sí, claro, los novios pasan de los 35 y consideras prudente meterles un poco de presión, no vaya a ser que el reloj biológico los traicione y la fábrica se cierre antes de abrirse… Porque seguramente nadie se los ha dicho antes y ellos no saben que a partir de los 35 es embarazo de alto riesgo…

3. “Agárrense porque ahora sí viene lo peor”

Tus 10, 30 o 40 años de matrimonio bien o mal logrado son tuyos, no te proyectes, no compartas tus frustraciones, esas llévaselas al terapeuta. Ya de sobra sabemos que el matrimonio no es la empresa más fácil, que se requiere paciencia, negociación y trabajo en equipo… en las pláticas prematrimoniales del DIF que son obligatorias nos lo hicieron saber, no tengas pendiente, así que cualquier comentario negativo guárdatelo. Está de más, créeme.

4. Cualquier comentario incómodo relacionado con el pasado del novio o la novia

Acaban de empezar a construir algo juntos, no seas pinche. Si no hablaste antes, calla para siempre.

5. Consejos o comentarios sexuales

No y no. A menos que seas la mejor amiga de la novia o tengas mucha confianza con el novio. Y en cualquier caso, cualquier comentario hazlo en privado. No hay nada más awkward que la tía o el tío 30 años mayor hablando de su vida sexual durante la boda… Por favor no.

6. Lo que no te gustó de la fiesta

¿Es neta? Te dieron comida, te dieron alcohol casi ilimitado, fiesta y hasta algún recuerdito inútil… y más importante que eso, TE DIERON PRIORIDAD. Porque quien ha hecho boda sabe la santa chinga que es filtrar la lista de invitados ¿Crees que les importa si no te gustó el peinado de la novia, si la cena llegó fría o si el mesero tardó mucho en atenderlos? No mames.

7. “Uff qué valor!… Suerte porque la van a necesitar”

Qué bueno que amas tu soltería, qué bueno que hayas encontrado en la soledad tu vocación, de verdad, muy respetable. Pero ver a los novios con cara de lástima augurándoles un futuro miserable con base en tu creencia de que el amor no existe… ¿Es en serio? De tus encuentros y desencuentros amorosos los demás no tenemos la culpa, menos los novios.

Cada quien construye su historia y si realmente quieres contribuir a la de la nueva pareja comparte lo positivo, lo que te ha funcionado, deséales lo mejor del mundo, ofréceles tu apoyo y apláudeles por haber iniciado esta nueva aventura.

Diamantes asesinos. Tres anillos de compromiso que NO deberías aceptar.

4430528262_85ea81b5a6_o

Mi newsfeed de facebook, al igual que el tuyo, se está llenando de diamantes y propuestas de amor eterno. Hemos crecido, ya somos adultos y los adultos suelen casarse; mejor aceptarlo.  Muchas mujeres, si no es que la mayoría,  hemos soñado desde niñas con el momento mágico de la propuesta de matrimonio, con todo el romance y el simbolismo que conlleva el aceptar unir tu vida a quien más amas.  Pero, ¿qué sucede cuando el cuento de hadas nos sobrepasa y nos hace olvidar que los fuegos artificiales, las fotos de revista, la celebración y los  días de fiesta se van a acabar con la luna de miel? Casarse implica, para muchos, la decisión de compartir el resto de la vida con la persona amada, no sólo el corto y emocionante período que pasa entre la propuesta y la marcha nupcial. Y aunque una boda perfecta quizás requiera un año de planeación,  un matrimonio feliz implica toda una vida de esfuerzo, tolerancia, trabajo en pareja y no sé cuántas cosas más; y a los millennials a veces se nos olvida que los anillos de compromiso y las bodas, más que un acto simbólico de amor eterno, son el preámbulo de un largo camino, que no siempre será ni tan brillante ni tan glamoroso como la publicidad de Tiffany & Co.

Y dentro de este asunto hay tres situaciones absurdas que me dan escalofríos, frente a las que creo, cualquier mujer debería decir NO.

 

1. Anillo sorpresa

Pueden llevar dos meses, dos años o dos siglos. Nunca han hablado seriamente sobre un futuro en común, sabes poco de lo que él busca en el mediano o largo plazo y éste no tiene idea de lo que tú buscas. Y de pronto, en un arranque de romanticismo, de apego o peer pressure, se te aparece con la roca brillante en la situación más insospechada. Si a esto le sumas que el acto toma lugar en un lugar público o frente a todos tus amigos y familia, perdón por arruinarte el cuento, pero o estás siendo víctima de un tremendo y baratísimo chantaje, o tu hombre es un ingenuo e inmaduro ser perdido en la realidad moderna.

Porque el ¿Quieres casarte conmigo? Es un mero trámite, una  pregunta de opción múltiple que sólo admite el sí o sí.  Quizás no estás preparada, quizás tienes otros planes, quizás lo amas pero quieres seguir conociéndolo, quizás no te da la chingada gana casarte con él ni con NADIE. El punto es que él no ha sido capaz de tomar en cuenta tus expectativas a futuro, tus planes, tus deseos y sentimientos. Tras la supuesta galantería y el sorpresivo despliegue de romanticismo la verdad es que no ha hecho otra cosa que ponerte entre la espada y la pared, sin siquiera preguntarte antes. Ofrecer un anillo a alguien en estas circunstancias denota un enorme egoísmo. La vida en pareja tendría que empezar con un mutuo y libre acuerdo en el que tanto uno como otro puedan llevar a cabo sus planes, realizarse como individuos, compartir sueños y apoyarse en sus metas.  Y para que eso suceda el diálogo es necesario antes de presionar a la persona que se dice amar, con un acto social de romanticismo hipócrita.

Caballeros: Favor de hablar con sus damas y ser claros con respecto a lo que se busca de la relación en el corto y mediano plazo.

Damas: Favor de hacer lo mismo y recordar que no es manda ni obligación, que por más grande que sea la piedra, tienes todo el derecho a decir que no,  si no estás segura. La mismísima Jane Austen rechazó un par de propuestas de matrimonio doscientos años atrás. Tras siglos de lucha por la emancipación femenina, lo mínimo que las luchadoras sociales esperan de ti, es que te seas fiel a ti misma y busques tu verdadera felicidad.  La esperada fiesta de boda dura cinco horas, el lastre de una mala decisión, puede durar toda la vida.

 

children-ring-584970_1280 (1)

2. Anillo promesa, o pre compromiso.

Disculpen el francés, pero ¿qué mamada es esa?  ¿Me comprometo pero no me comprometo? ¿Te prometo que un día nos vamos a comprometer pero ahorita nomás te lo puedo prometer?  Dice Andrea, una de mis mejores amigas sonorenses, que este anillo es lo mismo que cuando un perro “orina un arbusto”; puro marcar terreno. Si de entrada el anillo de compromiso tiene sus matices machistas al ser indicativo social de que la mujer ya está apartada, o sea no disponible y que nadie se atreva a acercársele —mientras que el hombre no lleva ningún símbolo equivalente durante el período compromiso-boda— el anillo de promesa marca a una mujer cual res por un período de tiempo bastante más largo. No sé si me falta romanticismo o me suena al vil chantaje de un individuo inseguro, porque las promesas se rompen de un día para otro. Este tipo de anillo suelen llevarlo jóvenes de corta edad que aún no se pueden comprometer por diferentes cuestiones (no han terminado sus estudios, aún no pueden pagar una boda, etc.). Así que mientras la roca de verdad llega con todo y fecha factible de bodorrio, te doy una más chiquita pa que quede claro que ya eres mía, mija, y que ningún patán se te puede acercar.  Aquí la pregunta es: ¿Se necesita un anillo para mantener una promesa? ¿O más bien para etiquetar al ganado propio?

La sociedad medieval solía hacer “pre contratos” matrimoniales con los jóvenes nobles para asegurar  tal o cual alianza entre familias, cuando éstos eran aún muy jóvenes para casarse. Quinientos años después, la historia se repite.

 

3. Anillo chicle

Llevas algunos años con tu pareja. Las cosas no marchan muy bien y no te sientes segura dentro de la relación. Pleitos cada vez más constantes y  te preguntas con más frecuencia si no estás perdiendo tu tiempo y lo mejor sería terminar por lo sano para seguir con tu vida. Discuten de nuevo, están a punto de terminar, (o ya terminaron); y al día siguiente se aparece el enamorado frente a ti con una roca de quién sabe cuántos quilates que según él (y quizás, también tú) salvará la relación.

El momento romántico te hace olvidar tu realidad, las felicitaciones de tus amigos y familiares, los diez mil likes en la foto de tu mano con la roca puesta que subiste a instagram, los planes para la bachelorette party, las diez despedidas de soltera, boletos para la luna de miel en el sudeste asiático, preparativos para la boda, el día más especial de tu vida. Piensas en todo, menos en el novio. Al que se supone, acabas de aceptar como tu compañero para toda la vida. Si alguien te pregunta si te quieres casar, la respuesta es obvia. Fiesta elegante, familia y amigos, luna de miel, anillo perfecto, ¿quién no querría lo que siempre soñó? Bueno, pues la realidad es que no te casas sola, querida. Él también importa, o mejor dicho, él es lo más importante de tu decisión.  Mereces estar con alguien con quien, el solo hecho de pensar en pasar el resto de tus días en su compañía, te llene de mil veces  más emoción y alegría que el de una serie de eventos sociales efímeros. Si no es así, hazte un favor y hazle un favor retractándote. Es una decisión dolorosa, pero no más que pasar la vida entera arrepintiéndote.

Si el interesado ofreció una propuesta de amor eterno como salida de emergencia a los problemas  de su relación, o si tú ejerciste presión para que lo hiciera, con la misma idea;  lo más seguro es que el efecto de la aspirina dure lo que la parafernalia social, y una vez en el día  a día, en la vida real, esos mismos problemas regresarán con más fuerza.

 

Que la niña calladita se ve más bonita.

Por otro lado,  ¿qué es esa estupidez de que las mujeres tenemos que ser entes pasivos dentro del asunto del compromiso? Según las costumbres de algunos círculos sociales de nuestro querido y atropellado país,  una niña bien espera como damisela en la torre a que al individuo se le antoje proponer la formalización de la relación; y que ni se le ocurra  a ella insinuar nada porque la gente va a pensar que está “urgida” o  desesperada por casarse. Y cuando éste al fin hace la propuesta, ella está casi obligada a aceptarla, porque es un privilegio que un hombre te solicite como esposa, y quizás sea la única oportunidad que tendrás para pertenecer al selecto grupo de las parejas matrimoniadas. ¿Really? ¿En pleno siglo XXI?

Mujer, si estás en una relación que te hace feliz, con quien te gustaría pasar el resto de tu vida y según tus planes y prioridades sientes que te ha llegado el momento de formar una familia, ¿por qué no decirlo? Si están en la misma sintonía podrán dialogarlo y planear juntos un evento que sin duda será trascendental en la vida de ambos (Ya sea matrimonio, unión libre, o lo que ustedes decidan). Si él no tiene las mismas metas que tú o no está convencido de dar el paso, tendrás que decidir si pese a la diferencia de objetivos sigues en la relación, o lo dejas para avanzar e ir en busca de lo que quieres. Porque no tiene absolutamente nada de malo querer vivir y formar una familia con el ser que amas. Creo que tanto mujeres como hombres deberíamos ser capaces de tomar decisiones consensuadas, libres y claras dentro de nuestra relación (y en todo lo demás de la vida). Que el conocernos más y esperar menos del otro, nos ayudaría a entendernos mejor y evitar desilusiones.

Por lo pronto, a mí ya alguien me reclamó que “No se vale que sólo las mujeres merezcan que alguien planee un momento romántico e inolvidable y les regale un diamante. Los hombres también tenemos derecho a que nos hagan sentir princesas” después de morirme poquito de risa ante tal comentario, confieso que me quedé pensando un buen rato en el asunto y concluí que quizás sea momento de que nosotras empecemos a dar anillo de compromiso a nuestros machos en pro de la igualdad. Marcar al toro, como a la res. ¿Por qué no?